RESEÑA HISTÓRICA DE CONCHUCUA Y SOGAMOSO
Buenos días estimados y estimadas personas interesadas en el patrimonio y la memoria de nuestra ciudad y la provincia, para mí y para la Corporación Cultural Nompanín Siscunsí es un honor estar en este lugar el día de hoy haciendo memoria de nuestros ancestros y rindiendo culto a este lugar sagrado al que muy seguramente muchos de nosotros debemos nuestras existencias.
Agradezco especialmente a las siguientes personas el facilitar este espacio:
Grupo de Vigías de Patrimonio Sua Chutak
Señora Marta Nossa, vigía de Patrimonio, líder social y comunitaria,
Señora Ana Mojica, Vigía de Patrimonio, Señora Mundo Boyacá
Señor Concejal de Sogamoso Sergio Benavides
Arquitecto Yesid Fajardo, consejero Municipal de Patrimonio
Funmosol
Mi nombre es Nelson Cabrera, antropólogo UN, esp. En gerencia de proyectos U. Tolima, candidato a Mágister en Interculturalidad Universidad de la Rioja, consejero departamental de patrimonio.
Inicio por mencionar que me reconozco racial y culturalmente como mestizo, hijo de los indios del antiguo cacicazgo de Sogamoso, y de campesinos empobrecidos y arrieros de origen español. Orgulloso de mis orígenes, guardo respeto por la memoria de mis ancestros y mi territorio, ese que ha sido generoso con nosotros y con los que a estas tierras ha llegado en diferentes momentos y con los que vendrán.
La fuente de Conchucha es un sitio emblemático para la ciudad de Sogamoso y la provincia del Sugamuxi. Es en este lugar donde el sumo sacerdote del Sugamuxi realizaba sus baños rituales, en ella se conmemoraba la fiesta del Huan, y ha sido desde tiempos inmemoriales desde donde la población indígena tomaba el recurso vital para mantener un asiento permanente en el territorio. De acuerdo a un documento que data de hace aproximadamente 130 años el autor sogamoseño Temístocles Avella (1890), describe el sitio de la siguiente manera,
“La fuente llamada Conchucua, que queda al S.E. de la población, es la única que existe de agua potable. Se dice que ésta era la fuente sagrada ó baño del gran sacerdote de los muiscas. Hay otras fuentes al pie de la colina de Santa Bárbara, pero sus aguas son de inferior calidad á la de conchucua. Hay también fuera de la población, en distintas direcciones, otros manantiales en los sitios conocidos con los nombres de Los Alisos, La Sierra, Malpaso y Toroyuta, etc”.
El agua de Conchucua ha sido seguramente el eje en la formación de Sogamoso, nuestra ciudad tiene varias fechas que podrían interpretarse como fundacionales, de acuerdo a pruebas de Carbono 14 ordenadas por el licenciado Eliécer Silva Celis, se sabe que cuando menos hace 1710 años antes del presente, en este sector de Conchucua, ya los muiscas utilizaban el maíz en sus prácticas rituales, para ese entonces se cree que ya existía una considerable cantidad de población asentada en lo que es hoy en día la zona arqueológica en el sector de, Mochacá, Monquirá, Ombachita y Conchucha.
Los primeros españoles que asomaron al valle de Iraka lo hicieron el 4 de septiembre de 1537, saqueando e incendiando el templo del Sol. Es probable que los saqueadores hayan decidido no permanecer en la zona
debido a dos factores, el primero era la alta cantidad de población indígena que había en la provincia del Sugamuxi y su nivel de organización social, por otra parte en Tunja habían determinado masacrar a los caciques a traición incluyendo a Aquiminzaque y habían esclavizado a sus tributarios, cosa que muy seguramente Suamox había sabido (una campesina me dijo alguna vez que los mensajes se escribían en las vasijas de barro, y que de Tunja le habían enviado una informándole lo sucedido).
Sogamoso fue el segundo sitio que más oro aportó a la corona española durante el periodo de conquista en lo que hoy en día es Colombia, siendo sobrepasado solo por un antiguo poblado que al parecer se ubicaba en la cordillera central o el occidente del país, de acuerdo a estudios realizados por Juan Fride y descritos por Ermes Tovar Pinzón. El precio que se pagó por la independencia política de la provincia fue muy alto, sin embargo esto permitió que los caciques mantuvieran sus sistemas sociopolíticos durante un buen periodo de tiempo en la colonia y que no se impusiera el sistema esclavista y de servidumbre personal que caracterizaba a las encomiendas. Seguramente muchos de los que tenemos aún sangre de los nativos de Sogamoso, se la debamos al alto precio pagado durante los primeros años de presencia hispánica.
Los primeros misioneros que llegaron a evangelizar la población indígena y establecerse en la zona del Sugamuxi lo hicieron para el año de 1550, aunque de acurdo a información de cronistas se presupone que no duraron mucho tiempo porque en el año de 1555 hubo una epidemia de viruela en la región. El cacique Suamox convirtió al cristianismo siendo bautizado por el sacerdote español Fray Juan de Montemayor, acto fielmente ilustrado en el retablo de Requena, impresionante obra que solo se compara a la del bautizo de Moctezuma, ubicada en la antigua catedral de Guadalupe en Ciudad de México, por cierto el retablo de Requena que se encontraba en el templo de San Martín de Tours no lo he vuelto a ver después de la remodelación de la catedral.
Al cacique del Sugamuxi le colocaron el nombre de Don Alonso, su conversión al cristianismo le permite mantener el control de sus territorios y tributarios, a diferencia de los dominios de Hunza, donde los españoles esclavizaron a la población indígena a través del sistema de encomiendas, a pesar de que el sistema de resguardos no salvaba de los tributos a la población de los resguardos, esto permitió que los indígenas de la región mantuvieran cierto grado de autonomía y cultura propia hasta años no muy lejanos.
El resguardo de Sogamoso fue constituido el 31 de agosto de 1596 por Egas de Guzmán, pero fue hasta 1696 cuando el cura José Eusebio Dorjuela de la orden franciscana creó el pueblo de Sogamoso, siendo el primer cura permanente en la población. Entre los años de 1776 y 1777 se dan una serie de reformas profundas a la forma como se había organizado y divido el territorio y en últimas el orden sociopolítico en lo que era la Nueva Granada.
El creciente mestizaje del que había sido sujeto el pueblo de Sogamoso, en el que progresivamente se arrendaban tierras a blancos y mestizos por parte de la población indígena del resguardo, desembocó en la consolidación de una nueva clase social que deseaba culturalmente hispanizarse, hacer exigencias a la corona y a largo plazo terminaría apoyando las insurrecciones y revueltas comuneras; finalmente concluirían por dar apoyo total a la revolución independentista.
La debacle poblacional indígena y el crecimiento de mestizos y blancos llevaron a que se buscara por parte de la corona el remate de estas tierras y se le agregara inicialmente al pueblo de Paipa. Durante el año de 1778 el visitador Moreno y Escandón dio la orden al alcalde Jerónimo Bayona de visitar y tasar los terrenos donde estaban los indígenas, de las visitas se reconocieron 49 predios sembrados en maíz, cebada, trigo, y papa.
El día 15 de septiembre de 1778 finalmente el corregidor Antonio Laiseca y Fajardo verificó que los indígenas del resguardo se desplazaran a Paipa y que el pueblo fuera demolido. El año de 1777, 69 vecinos (blancos y mestizos) habían solicitado la erección de la parroquia de Sogamoso. El 22 de diciembre el representante de la iglesia católica aprueba el proyecto de erección de la parroquia de blancos, el 19 de enero de 1779 se concede el título con los siguientes términos, “visto este expediente con lo determinado por el señor fiscal como juez visitador con lo demás que ha convenido considerarse se concede el título de parroquia para el lugar de Sogamoso en los términos que se pide (AGN, SC, P.2, F.913)” (Rodríguez, 2014).
El 27 de enero de 1779 el oidor fiscal Joaquín Vasco y Vargas solicitó al virrey revisión de la agregación de los indios de Sogamoso a los de Paipa, la oposición de Vasco a la orden de Moreno y Escandón resultó en un acto del regente Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, quien conceptuó que no había argumento válido que justificara el traslado de los resguardos, dado que sólo el rey podía privar a la población nativa de los beneficios otorgados (Rodríguez, 2014).
Los indígenas que regresaron encontraron que sus antiguas parcelas habían sido cercadas, ocupadas y hechas potreros, razón por la cual fueron llevados a habitar en la zona de Monquirá donde terminaron en situación precaria. Al final de este proceso quedaban en Sogamoso 447 indígenas de resguardo, en una situación que de acuerdo a un capitán indio “se ven tan afligidos y llenos de necesidad que ni aún para mantenerse alcanzan y tan estrechos que ni aun de pie caben, (AGN, SC, M.44, F857)”, (Rodríguez, 2014). Es de anotar que en el momento de la creación del resguardo de Sogamoso había 1473 habitantes, y para el año de 1777 este número se había reducido a 589.
Antonio Laspriella, Francisco Laspriella, Salvador Ortíz Barrera entre otros españoles llegados a fines del siglo XVIII a Sogamoso en calidad de arrendatarios, fueron los mayores favorecidos por el traslado de los indígenas, el alcalde de ese entonces llamado Emigdio Cáceres se veía favorecido al arrendar las tierras de los indígenas. El cacique Antonio Peralta denunció la manera en que se lucraba el alcalde reportando una tasa de impuestos mucho menor a la recaudada entre los arrendatarios en detrimento de las arcas de la corona, sin embargo, el progresivo aumento de los blancos y mestizos en sus tierras terminaron por imponer un modelo de hispanización en la región.
En el año de 1781 surge la insurrección comunera en respuesta a las cargas impositivas de la corona. Sogamoso para ese momento se comenzaba a constituir como un importante epicentro económico en el reino debido a la producción de manufacturas, industrias molineras y el comercio, especialmente de ganado vacuno. Los mestizos y blancos de la recién proclamada parroquia se adhirieron a los comuneros de Santander bajo el mando de los capitanes José de Vega, Pablo de Nosa, Juan Antonio Alcántara y Nepomuceno Mendaño. Es de
anotar que Lorenzo de Alcantuz, uno de los que inició la insurrección comunera en San Gil y El Socorro era un artesano sogamoseño que se había trasladado hacia ese sector del país.
La pelea para que no se erigiera la parroquia de blancos por parte del capitán peralta y otros se extendió hasta 1809, cuando el rey Amar y Borbón solicitó al corregidor de Tunja llevar a cabo una visita para que evaluara la situación de la población indígena dada la reducción del resguardo, participaron Juan de Castro de Santa Rosa, Fernando Barrera de Iza, Fernando Bayona de Tibasosa, Francisco Bernal de Nobsa, Juan Montaña de Firavitoba, Pablo de la Pava de Tota y Bernardino Pérez de Corrales, quienes conceptuaron que los indígenas aún contaban con tierras suficientes para sobrevivir.
La oficialización por parte del virreinato dando por terminado el proceso de revisión de reducción del resguardo, se dio el 7 de febrero de 1810, y terminó por formalizar la legitimidad de la erección de la parroquia de blancos (mestizos). Cinco meses después sucedería un evento, el grito del 20 de julio, que denotaría el interés profundo de las élites criollas por obtener la autonomía política frente a la corona y el afianzamiento de una nueva clase social relacionada con el surgimiento de la hacienda y las ideas de la propiedad privada, en detrimento de las posesiones de la corona y la población indígena que se había mantenido en tierras de resguardo.
El 23 de agosto de 1810 Sogamoso firmó el acta de su independencia, se constituyó en provincia libre y desconoció al gobierno español. A Sogamoso se le conferiría título de Villa por la Junta Suprema de Santa Fe, el 6 de septiembre de 1810, hace 210 años, reconociendo que la población blanca y mestiza había logrado sobreponerse a los intereses de la población indígena y habían dejado sentadas las bases de un nuevo sistema de administración económico-político que en últimas terminaría favoreciendo la creación de un nuevo sistema de explotación económica.
Durante el periodo llamado por algunos la patria boba o por otros el periodo de transición que va de 1810 a 1819 Sogamoso tuvo días convulsos. Por un lado, adhirió a los federalistas encabezados por Juan Nepomuceno Niño quien gobernaba la provincia de Tunja, de acuerdo con la nueva división política quedó como capital de departamento, “integrado por los siguientes pueblos: Sogamoso, Pesca, Tota, Iza, Firavitoba, Tibasosa, Nobsa, Socha, Gámeza, Mongüa, Monguí, Puebloviejo y Cuítiva”, (Correa, 1987). Se cree que la población indígena continuaba en confrontación con los mestizos y es en razón a esto que se podría explicar el envenenamiento a las tropas patriotas y la posterior prohibición de esta bebida por parte de Bolívar.
Es de anotar que en algunos documentos se señala a los curas de independentistas, cosa que está confirmada por su intenso activismo, incluso en su participación en actividades y acciones patrióticas, por otra parte, muchos de los indígenas de los resguardos de la provincia de Sugamuxi (Monguí, Tópaga, Gámeza, Mongüa y sectores montañosos de Sogamoso especialmente) eran realistas y prestaron apoyo a Barreiro suministrándole pertrechos y alimentos, e incluso participaron en actividades militares en que dieron captura a varios patriotas en los pueblos de Mongüa y Gámeza. Esta posición es razonable en la medida que estos habían sido replegados a malos terrenos mientras los criollos y mestizos se iban adueñando sistemáticamente de sus tierras desde hacía cuando menos 50 años. Seguramente por el coraje de los indios de la provincia del
Sugamuxi Bolívar toma la decisión de ir hacia Santa Rosa, a pesar de que el Sogamoso se encontraba el polvorín del ejército realista.
El resguardo indígena de Sogamoso subsistiría durante la mayor parte del siglo XIX, perdiendo gradualmente su autonomía política y protagonismo social, mientras lentamente se iba disolviendo en lentos procesos de mestizaje y transformación en población campesina.
Entre tanto la fuente sagrada de Conchucha suministraba el agua del pueblo de blancos, mestizos y de indios, por allí pasaban los viajeros que tomaban el camino de Monguí con rumbo a Mongüa, en algunos casos a las salinas de Sismosá y en otros a bajar por el Cravo a los llanos orientales en la ruta que siguieran los primeros evangelizadores con sus instrumentos de cuerdas como violines, bandolas y arpas. Por allí se atravesaba los terrenos del antiguo poblado indígena para ir al oratorio del Carmen en Ombachita, o desde allí se podía iniciar el camino de Monquirá, Pilar y Ceibita y dirigirse a la laguna de Tota, o se podía bajar a los llanos de Casanare siguiendo el curso del río Cusiana.
Hasta no hace muchos años la fuente sirvió como lavadero de ropa y toma de agua para los vecinos de las tierras sagradas de los muiscas, hoy en día se hace un ejercicio de resignificación y valoración del lugar a través de la apropiación social de este sector, es fundamental el trabajo que hacen grupos que reivindican la ancestralidad muisca, y sin lugar a duda es uno de los pulmones de la cuidad que poco comprende el legado histórico de este ombligo de nuestra historia e identidad. Que este doce de octubre sea un día donde se celebre la vida, y este lugar como ningún otro para celebrarla.
Tengan todos ustedes un buen día, gracias por su atención.

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